Blog de robótica e inteligencia artificial

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4/28/2020

John Snow y el mapa que cambió el mundo

Corría el siglo XIX en Inglaterra y estamos en plena Revolución Industrial. Millones de personas huyen del campo a las ciudades, ya que las élites de entonces habían desprovisto de las tierras comunales a las familias de campesinos que vivían y se alimentaban de ellas. Ante la única posibilidad de contar con su fuerza de trabajo, los obreros y las familias vacían la Inglaterra rural de entonces hacia las urbes, de una manera totalmente descontrolada y desesperada, donde las condiciones de higiene e infraestructura pública sanitaria brillaban por su ausencia. En las grandes ciudades, como Londres, se urbaniza y construye lo justo para alojar hacinados a estos trabajadores.

En medio de semejante caldo de cultivo, cualquiera de nosotros podría imaginar que esos entornos eran un lugar propio para enfermedades e infecciones. Pero a mediados del siglo XIX, no conocían lo mismo que conocemos ahora por pura sabiduría popular. Concretamente, el coronavirus de la época se llamaba cólera, y fue lo que más vidas se llevó en el siglo que nos ocupa.

La teoría asumida por la población y las autoridades sanitarias para el contagio por cólera, era la del aire impuro o miasma. No se conocía apenas nada de gérmenes y Louis Pasteur aún no había enunciado su teoría. Para qué engañarnos, la gente conocía muy poco sobre aquella enfermedad. Y John Snow también la desconocía… pero él era consciente de ello. Así que se propuso investigar el origen del cólera desde un punto estricto de la ciencia, planteando hipótesis y realizando experimentos. ¿Era posible comprobar la teoría miasmática?

Durante una de las oleadas más peligrosas de esta enfermedad, la de 1854, se produjo un brote concreto en el barrio del Soho. En el espacio de tres días murieron 127 personas. Snow acudió de inmediato y se dedicó a recabar información con la ayuda de un sacerdote anglicano encargado de una parroquia en ese mismo barrio, Henry Whitehead.

La casi totalidad de las muertes de los primeros tres días se produjó en una misma calle, Broad Street, lo cual era muy sospechoso de creer en la validez de la teoría miasmática. Pero la clave de la cuestión fue el mapa que realizó Snow, marcando la localización de la gente infectada, y que representa prácticamente uno de los primeros estudios epidemiológicos de la historia.



La gran proximidad de todos los infectados a la fuente pública de Broad Street, marcada en rojo, impulsó a Snow y Whitehead a pedir al ayuntamiento de Londres que la cerrarán inmediatamente. Y lo hicieron.

El mapa de la imagen ha pasado a la posteridad, y prácticamente se puede afirmar que John Snow descubrió este origen por un método bastante simple de clusterización, uno de los básicos hoy en día en inteligencia artificial. Pero John Snow fue más allá, y descubrió que la compañía de agua de la que le gente bebía, extraía agua del Támesis, el cual en aquella época no estaba más que lleno de aguas fecales provenientes de los hogares. La relación entre la mala calidad de agua y el origen del cólera se estaba esclareciendo.

Sin embargo, su teoría aún permaneció dormida cerca de 40 años más, y tras la ola de cólera, el ayuntamiento reabrió la fuente pública de esa calle.

Hubo que esperar hasta Pasteur, en 1864, para entender la relación entre gérmenes y fermentación, y sobre todo a Robert Koch, en 1876, quien demostró sin lugar a dudas a través de un experimento con el ganado, que un ser microscópico podía ser el responsable de una enfermedad.



Esta entrada se publicó originalmente en la Revista DYNA, la cual es una publicación científica en ingeniería 
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3/02/2020

Las grandes ideas por sí solas, en la historia no implican grandes cambios

Existen muy diversas interpretaciones de qué es la historia. Autores como Edward Gibbon afirman que no es más que un registro de las acciones, crímenes, y alegrías de la humanidad. Por el contrario, el celebérrimo George Orwell, autor de la novela 1984, afirma que la historia y su uso es un instrumento de poder para quien la controla.

En la modesta opinión del que les escribe, la historia y la vida de las personas, no es más que una sucesión de afortunados y desafortunados azares y decisiones dentro de un contexto, que nos han llevado hasta donde estamos hoy en día.

¿Por qué la Revolución Industrial ocurrió en Inglaterra, y no en China, o en Francia? Si nos atenemos a la historia, esas regiones sobre el papel estaban mucho mejor preparados por economía, capacidad de la población y recursos que Inglaterra. En cambio, pequeñas decisiones y azares. Y uno de esos azares, fue el de la piratería.

 Corría el año 1522 cuando el pirata francés Jean Fleury se encontró por casualidad cerca de las Azores, embudo natural de las mercaderías provenientes de América, con dos carabelas españolas que traían el tesoro que Moctezuma “dio” a Hernán Cortés. Cerca de 45.000 pesos en oro, más de 8.000 kilos de plata en forma de máscaras, collares, brazaletes… y otras exquisiteces, que fueron a parar a manos de los franceses. Le sonó la flauta y la orquesta completa a un pirata vividor y mediocre, que ni soñaba con destacar. Y es que este hecho cambió la piratería durante los próximos 300 años, ya que se vio como un método muy lucrativo y asequible de hacer daño al imperio dominante de la época, España, y de paso, llenar las arcas.

Tan atractiva era la idea, que la reina de Inglaterra, Isabel I, comenzó a emitir patentes de corso a los piratas, convirtiéndolos en corsarios. Es decir, saqueadores al servicio del país que les paga. Y los resultados fueron espectaculares. En las misiones para robar a España, comandadas por el célebre pirata Francis Drake, los inversores financieros obtuvieron una rentabilidad del 4.700%. Uno de esos inversores, obviamente, era la propia reina Isabel, quien con los beneficios pagó su deuda soberana, e invirtió los excedentes en crear la Compañía de Levante en 1592, que 8 años más tarde se transformaría en la Compañía de las Indias Orientales, cuyo papel en la historia de la economía británica fue indiscutible.


Se calcula que en los 300 años de la piratería, se robó más del 15% del oro español proveniente de América. Y en ese contexto de entrada de caudales, comenzó a crearse un marco legal que favorecía el emprendimiento, y además los bolsillos llenos de ciertos mercaderes y capitalistas ingleses sirveron para crear las primeras fábricas, financiar inventos y comprar patentes.

Un ejemplo de ello lo representa Thomas Goldney II, quien invirtió en las expediciones del famoso corsario Woodes Rogers, el pirata que rescató al verdadero Robinson Crusoe (Alexander Selkirk). Por una inversión de 3.726 libras, el Sr. Goldney recibió 6.800. Un dineral para la época, y que terminó invirtiendo en los trabajos de Abraham Darby. Este hombre tuvo un papel fundamental en la Revolución Industrial, ya que desarrolló un método de producción de hierro de gran calidad, lo que supuso un gran avance en la producción de este metal como material básico para la industria.

En resumen, nuestro presente es fruto de las decisiones y azares que tomaron personas a lo largo de la historia. Puede que hubiéramos llegado al momento de la historia actual de otra manera, puede que no. Pero queda claro que no son por sí solas, las ideas científicas brillantes, como el motor de vapor de James Watt, las que hacen avanzar la historia.



Esta entrada se publicó originalmente en la Revista DYNA, la cual es una publicación científica en ingeniería

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2/09/2020

Nada es eterno, o el fin de los sombreros en la historia

¿Qué tienen de especial estas fotos?





Como podéis ver, la época que reflejan quedó muy atrás. Hemos cambiado mucho, probablemente a mejor. Pero en esa evolución de sociedad, hemos perdido señas de identidad tan grandes, como lo fueron los sombreros a comienzos del siglo pasado. ¿Os imagináis que ahora desaparecieran las corbatas?

Ahora a la persona que viste un sombrero (sobre todo, hombre) se le llama bohemio, clásico, o a veces le atribuimos un halo de misterio. La desaparición de este complemento de moda, en cambio, no tiene nada que ver con la concepción de la moda. Lo que le ocurrió a los sombreros es uno de mis episodios de la historia favoritos para explicar que la llegada de algo nuevo, desbancó a otra idea de manera totalmente inesperada.

La historia de la desaparición de los sombreros se la debemos al aumento de higiene, y sobre todo, a la incorporación del coche privado a nuestras vidas. Vayamos por partes.

El sombrero no era algo que nos protegiera de nuestros depredadores, pero la instauración de los protocolos sociales, saludos y hábitos de sombrero masificaron su uso en la población. Además, no fue hasta 1920 cuando se desarrolló el primer champú líquido, y eso fue el comienzo de todo. Hasta entonces, los champús eran considerados prácticamente artículos de lujo, muy lejos del alcance la población. Sin embargo, los comienzos de la publicidad de los champús, junto a la Edad de Oro de Hollywood (entre los años 20 y 60), sentaron unos cánones de belleza que poco a poco se hizo plantearse a los hombres distintos peinados.

Sin embargo, el mayor empujón de todos se lo dio el automóvil. Básicamente, el sombrero era incómodo llevarlo puesto en el habitáculo, así que a un ritmo bastante rápido, el coche fue quitándole terreno. Tanto fue así, que a comienzos de los años 40, el lobby de los sombreros comenzó a hacer campaña agresivamente a favor de salvar su modo de vida, y prueba de ello es el siguiente póster:



O que en un artículo de 1949 del New Yorker, el presidente de la Fundación de Investigación del Sombrero mencionara que los jóvenes ya iban sin este artículo, y que era un claro síntoma de decadencia social.

Otra prueba más de que nada es eterno.
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1/30/2020

Sobre tecnología apocalíptica de hoy y ayer

El ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, o eso dicen. Será porque como memoria no tenemos mucha memoria, y ya no digamos como sociedad. Cometemos una y otra vez los mismos errores, y las situaciones económicas, de crispación, de ideología, de sentimientos patrióticos... se repiten cíclicamente. Si es que en este aspecto, está casi todo inventado.

Y en la historia de la tecnología no va a ser menos. A pesar de que hoy en día vivamos en las continuas alertas sobre el potencial destructivo y esclavizador de la Inteligencia Artificial, cual ejército de coronavirus, este sentimiento de miedo no es nuevo. Y no me refiero solo a la manida alusión a la pérdida de empleos, ¡qué va! Las actitudes en contra de ciertas tecnologías a lo largo de la historia han ido mucho más allá que del aspecto laboral. Y como muestra, un botón. Las siguientes opiniones no eran minoritarias en su época:




(Vicario de Croyden, siglo XVI) (Prensa de Gutenberg)


No hay nada en la Palabra de Dios sobre esos inventos. Si Dios hubiera deseado que Sus criatures viajaran a la terrorífica velocidad de 25 km a la hora con ayuda del vapor, lo habría hecho saber a través de los Profetas. Por lo tanto, es un invento de Satán para transportar las almas al Infierno
(Dirección de un centro escolar en Ohio, 1828) (Locomotora de vapor) 


El paso de los trenes detendrá a las vacas de pacer, a las gallinas de
empollar, y eso llevará a la extinción total de las granjas y en
consecuencia, de la economía 
(Siglo XIX) Locomotora de vapor)


(Clero de Baltimore, 1844. Telégrafo)
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10/06/2019

Sobre aranceles y el libro Retirar la escalera

Esta semana de nuevo, el presidente Trump volvió a hacer de las suyas y nos despertamos con nuevos aranceles sobre productos de todo el mundo.

Tras ese mal despertar, cada vez más frecuente, la reacción habitual de los medios es alabar las bondades del libre comercio internacional y la eliminación de tasas arancelarias. Alegran que Trump no solo va a perjudicar mucho a China, Europa y otros países, sino al mismo Estados Unidos.

Hete aquí que tras este debate, decidí leer el libro Kicking away the ladder, traducido como 'Retirar la escalera', de Ha-Joon Chang, quien estudia cómo se hicieron ricos los países ricos, pero de verdad.

No hago spoiler, ya que esta afirmación sobre el libro la podéis encontrar en su contraportada y multitud de artículos: el libre comercio no existe, ni se ha dado prácticamente en ningún momento de la historia.



El libro se divide en tres bloques:
  • medidas proteccionistas que llevó a cabo cada país a lo largo de su historia para proteger su riqueza e industria.
  • qué hicieron, una vez alcanzado el poderío económico, para que otros países no les alcanzasen.
  • la creación y valor de las instituciones económicas, sociales, financieras que surgieron en los últimos años. ¿Frenan a los países en vías de desarrollo, cuando los países ya desarrollados no necesitaron nunca estas instituciones?

El libro me ha parecido soberbio, y muy buen documentado. Tanto, que más que como lectura ligera se podría usar como libro de consulta. Y para acabar, os dejo aquí algunos extractos de esta obra, que responden a algunas de las cuestiones sobre aranceles hoy en día, aunque la situación macroeconómica sea ligeramente distinta:


pág61: Con la Revolución Industrial de la segunda mitad del siglo XVIII, Inglaterra empezó a aumentar su liderazgo tecnológico sobre otros países. Sin embargo, aún así prosiguió con su política de promoción industrial, que mantuvo hasta mediados del siglo XIX. [...]. El primero y principal componente de esta política era, claramente la protección arancelaria.


pág79: Solo después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos - con su supremacía industrial sin competencia- acabó por liberalizar el comercio y pasó a liderar la causa del libre comercio. Sin embargo, cabe señalar que Estados Unidos nunca lo practicó en la misma medida que lo hiciera el Reino Unido durante su período de libre comercio (de 1860 a 1932).


Pág 71: [...] actualmente los historiadores económicos reconocen cada vez más la importancia del proteccionismo en Estados Unidos, cuando antes solían ser extremadamente cautelosos a la hora de hacer algún comentario positivo al respecto.

Pág 77: Graf von Reden, quien introdujo con éxito tecnologías avanzada de los países más desarrollados (especialmente de Inglaterra [...]) mediante una combinación de espionaje industrial durante finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.



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9/09/2019

El mito de la Educación y la Revolución Industrial

Sea cual sea el problema, la solución siempre será la educación. Dicho de otro modo, desde las conversaciones de barra de bar hasta juntas directivas de grandes empresas, a la hora de intentar aportar alternativas sobre cómo arreglar el mundo, irremediablemente las ideas y los participantes desembocarán en cambiar el sistema de educación. El cual es un terreno tremendamente resbaladizo.

Las quejas habituales son: ‘no aplican la creatividad’, ‘solo se enseña a memorizar exámenes’, ‘no se les obliga a trabajar en grupo’… y el último en incorporarse, ‘es el mismo método de enseñanza que el de la Revolución Industrial, donde se creaban alumnos con producción en cadena’.



Recordemos que la revolución Industrial es originaria del siglo XVIII. Y no, el mito de El modelo de educación basada en la fábrica no es más que eso. Un mito. Este artículo pretende arrojar luz sobre el origen de nuestro actual sistema educativo, imperante en prácticamente todo el mundo. Está basado en la enseñanza uniforme a todo el alumnado, estratificado en distintos niveles y construidos en función de la jerarquía del aprendizaje tradicional: matemáticas y ciencia en la cúspide, humanidades en el medio, y arte abajo.

Hasta el siglo XVIII los estados no comenzaron a hacerse con el control de la Educación. Desde la época de las antiguas civilizaciones hasta ese momento, la docencia y aprendizaje se desempeñaba en grupos informales, pero la mayoría de la población permanecía iletrada. La chispa que desató todo un nuevo paradigma en la Educación, se remonta a la Europa Napoleónica. Más concretamente, a la derrota que Prusia sufrió ante Napoleón en 1806 en la batalla de Jena. Tras esa derrota, los mandatarios prusianos llegaron a la conclusión de que sus soldados pensaban mucho por sí mismos en el campo de batalla, en lugar de acatar órdenes. El momento culmen de estos reclamos lo formuló el filósofo Johann Fichte en su discurso Directrices para la nación alemana, en el que pronunció la siguiente sentencia: ‘La educación debería proveer los instrumentos para destruir la voluntad’.

Por lo tanto, arropado por las corrientes de pensamiento de la época, que asumían al estado como un garante de la moral y el progreso, e ideas de Rousseau de emplear la educación para formar ciudadanos libres, Prusia se puso manos a la obra. Esta región ya contaba con un sistema pequeño de educación obligatoria puesto en marcha en 1763 por Federico El Grande, y que fue pionero en Europa. Sin embargo, tras la derrota de Jena, se exigieron reformas a este sistema.

Como consecuencia, Prusia comenzó a implantar un sistema educativo en 1807 que culminó en 1819, bajo un halo de enfoque científico y la dirección de Wilhelm von Humboldt. El resultado final instruía a los alumnos sobre qué pensar, en qué momento y durante cuánto tiempo. Sin embargo, este sistema tenía trampa y era un sistema totalmente elitista y de control de pensamiento.

El sistema de educación prusiano se dividía en tres niveles: Akadamiensschulen, Realsschulen y Volksschulen. El primero se reservó para la élite económica y nobiliaria de la población, que correspondía a un 1% únicamente. Aquí, los alumnos aprendían a ser futuros mandatarios políticos, a pensar estratégicamente, aprendían historia, escribían y leían mucho y se hacían expertos en el arte de ordenar. A continuación, el siguiente nivel social, que abarcaba entre un 5 y 7,5% de la población, aprendía a ser ingenieros, arquitectos, médicos, abogados o cualquier otro servicio que los gestores políticos pudieran requerir. Finalmente, la inmensa mayoría de la población acudía al último nivel, a La Escuela del Pueblo, donde aprendían obediencia, cooperación, literatura básica y grandes éxitos históricos del Estado. (fuente).

Y lo mejor que le puede ocurrir a un sistema, es tener rápidos resultados. A pesar de que al avezado lector le será difícil establecer una relación causa-efecto clara, Prusia se cobró venganza ante Napoléon 8 años más tarde del episodio de Jena, nada más y nada menos que en la Batalla de Waterloo. No solo eso, sino que, según los mandatarios, la población más sumisa y disciplinada permitió vencer en la guerra Franco-Prusiana y lograr la reunificación de Alemania y llevó a Prusia a ser un ejército dominante hasta finales del siglo XIX.

El éxito del Sistema fue pronto ampliamente admirado por otros estados, debido principalmente a la reducción de la población iletrada y a su eficiencia, y el Sistema se expandió a países como Estados Unidos y Japón.

En resumen, no es cierto que el sistema de educación provenga del mundo industrial, sino más bien del militar. Y es ahora nuestra responsabilidad adaptar esta importante actividad a los nuevos tiempos.



Este artículo se publicó originalmente en la DYNA, revista de investigación que recomiendo visitar.
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8/25/2019

Lady Norman, una sufragista en patinete

En la época de la imagen y el montaje audiovisual en la que vivimos, ¿qué pensaría cualquier persona al ver la siguiente foto?


Fuente de la imagen


Usted no se equivoca: se trata del antepasado del patinete eléctrico, esos inventos que inundan hoy en día nuestras ciudades, ¡pero de 1916! Y la mujer que posa con él es Florence Norman (1883-1964), más conocida como Lady Norman.



Podéis seguir leyendo el artículo en la web de publicación orininal, MujeresConCiencia. Un blog sobre mujeres (a menudo olvidadas) que inspiraron y marcaron la historia de la Ciencia
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8/17/2019

Boston Dynamics en los 80

A estas alturas, ya todo el mundo conoce a la empresa Boston Dynamics y sus vídeos de robots increíbles. No todo el mundo sabe muy bien hacia adónde se dirige esta compañía. Y va camino de convertirse en una empresa que provoca inquietud y risas a partes iguales.

Pero merece la pena recordar que toda gran idea tuvo un origen humilde, y es lo que pretendo recordar con este post de hoy. Corría el año 1980 y el fundador de esta empresa, Marc Raibert, era profesor en las prestigiosa universidad Carnegie Mellon. En ella, fundó el laboratorio Leg Lab, que podríamos traducir como el Laboratorio Pata, en referencia a las investigaciones que realizaban sobre cómo se obtenía el equilibrio con robots de una pata. Un ejemplo de estos orígenes se ve en el siguiente vídeo:




Experimentos así permiten ver lo que cuesta avanzar en desarrollos tecnológicos y que los grandes diseños no salen de la nada. O por lo menos, eso pretende el autor de estas líneas.

Por cierto, siempre me gusta recordar que estamos a años luz de un hipotético Skynet y que estos robots nos apunten con una metralleta conscientemente. Y prueba de ello es que uno de los últimos robots de Boston Dynamics, ese temible robot-perro, tuvo un pequeño incidente en una presentación:




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7/10/2019

Qué difícil es predecir el futuro

Estas semanas están siendo de mucha actividad para el autor de este blog. Entre otras tareas, estoy leyendo sobre predicciones erróneas y la validez de los 'expertos' para hacer predicciones. Prometo contar las historias e ideas interesantes -para mí- que estoy encontrando. Pero de momento, hoy os dejo con una confesión de Wilbur Wright, uno de los precursores del primer vuelo.

Durante un importante discurso en el Aéroclub de France, la primera institución aeronáutica en el mundo, fundada en 1898, el mayor de los hermanos dijo:



Confieso que en 1901 le admití a Orville que durante 50 años el hombre no lograría volar.




Dos años más tarde, el 17 de diciembre de 1903, ellos mismos lo lograron.

Fíjense los lectores qué difícil es hacer predicciones, incluso de la gente que más sabe, como para acertar. ¿Harán los expertos mejores predicciones que los no-expertos?


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5/03/2019

La Drosophila del razonamiento

Este artículo se publicó originalmente el 22 de febrero en la Revista Dyna, publicación de investigación en ingeniería:




Las partidas de ajedrez contra la inteligencia artificial se están convirtiendo en una unidad de medida popular. Como la unidad de 'campos de fútbol' al hablar de superficie quemada en un bosque. El hecho de que un algoritmo venza a un Gran Maestro en este juego de mesa parece que sea un sinónimo del peligro de las máquinas para la sociedad o el advenimiento de Skynet.

Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad. Si la inteligencia artificial se enfrenta a humanos en juegos como el ajedrez, o el Go, es por tratarse de unas actividades perfectamente acotadas por unas reglas. Y no nos engañemos, era cuestión de tiempo que la inteligencia artificial venciese por su mayor poder de computación y falta de cansancio.

Me resulta curioso constatar que el ajedrez siempre ha sido considerado desde hace mucho como una actividad de demostración de poderío intelectual. Mucho antes que los soviéticos, en 1770 el inventor húngaro Wolfgang von Kempelen, creó un artefacto que 'jugaba' al ajedrez. Lo llamaron The Turk y más que una máquina, se convirtió en un fenómeno del espectáculo. The Turk viajó por toda la geografía durante más de 80 años retando al público a jugar una partida. Y su primera actuación no fue en una plaza menor, sino que debutó en la Corte de los Habsburgo en Viena. De hecho, jugó contra grandes figuras históricas, como Napoleón, Benjamin Franklin e incluso pudo inspirar a Charles Babbage para su Máquina Analítica. Sin embargo, no era más que un truco de ilusionista. A pesar de la apariencia de 'robot' primitivo que se puede ver en la siguiente imagen, el ingenio escondía a una pequeña persona, muy habilidosa en este juego, que era el que realizaba todo el trabajo de intelecto.





The Turk (Wikipedia)





Mucho más honesto y posterior fue el intento de uno de los más grandes inventores españoles: el Ajedrecista, de Leonardo Torres Quevedo. En su ingenio no cabía la prestidigitación de The Turk, pero en cambio, no era capaz de desarrollar una partida completa. El Ajedrecista controlaba mecánicamente un rey y una torre que jugaba contra un rey, manejado por el humano. El desenlace de este planteamiento era irremediable hacia el jaque mate o las tablas, por lo que la máquina de Torres Quevedo ganaba siempre. A pesar de eso, causó una gran sensación en 1914 cuando se presentó en París.

El Ajedrecista (El País)



No me puedo imaginar las sensaciones de frustración y asombro de los participantes en estas partidas contra ‘la máquina’, tanto The Turk como El Ajedrecista. Tal era el engaño y aplomo de la máquina de Kempelen que, en su partida contra Napoleón, éste realizó un movimiento ilegal para intentar engañar a la máquina, y The Turk reaccionó tirando todas las piezas fuera del tablero. Ese gesto contra uno de los hombres más poderosos de la época, demuestra que el truco estaba muy logrado y que su inventor tenía toda la confianza del mundo en sí mismo.


El ejemplo más cercano a los famosos algoritmos actuales, como Deep Blue o AlphaZero, lo tenemos que buscar en 1948, cuando Alan Turing y David Champernowne desarrollaron el programa conocido como Turochamp. Pero lo más increíble es que lo desarrollaron antes de que se inventara el ordenador. Las reglas de este sistema se basan en otorgar un valor concreto a cada pieza del tablero, a la posibilidad de que el rey sea atacado, a la movilidad y a la posibilidad de hacer jaque. Constituye la primera idea de inteligencia artificial capaz de enfrentarse a un humano en este juego de mesa. La primera partida de su historia fue contra la mujer de Champernowne, y ganó. La segunda fue contra Alick Glennie, y la perdió. Pero esta segunda hazaña quedó registrada para siempre en el artículo científico Digital Computers applied to Games, del propio Turing


El ajedrez. Quizás la Drosophila del razonamiento [1].


BIBLIOGRAFIA

[1]  Ed Sandifer. How Euler did it. The cannonballs http://eulerarchive.maa.org/hedi/HEDI-2006-12.pdf

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3/06/2019

Más rápido que el pensamiento

La empresa Ferranti ha construido el primer ordenador capaz de jugar a un juego de manera autónoma contra un humano. Concretamente, la actividad es el juego Nim. Se ha presentado en el Festival de Gran Bretaña y el lema que ha usado la empresa es faster than thought (más rápido que el pensamiento). La máquina se llama Nimrod.




Parece un titular de 2019, ¿no? Pues no. Concretamente, Nimrod fue presentada en 1951, y corresponde a uno de los primeros ordenadores. Fue el primero de la historia en jugar de manera autónoma a un vídeojuego, y es obra de John Bennett. Al igual que los primeros ordenadores de la historia, este ordenador solo sabía hacer operaciones matemáticas sencillas, como las que son necesarias en el juego Nim, y además, ya había un ingenio precedente electromecánico de 1940 en el que se basaron.

Fuente

La reacción de los periodistas fue de cierto temor y describián a Nimrod como una máquina pensante que dudaba antes de ejecutar su jugada. La reacción del periodista Paul Jennings, de la BBC, fue la siguiente:

This looks like a tremendous grey refrigerator.... It's absolutely frightening.... I suppose at the next exhibition they'll even have real heaps of matches and awful steel arms will come out of the machine to pick them up


O incluso en los periódicos se describía a la máquina como una caja mágica:

Fuente
 

¿Os suenan estas reacciones? Podrían escribirse hoy en día. Era el nacimiento de la industria del videojuego. No hace falta que explique aquí lo que ha evolucionado desde entonces esta tecnología. Con este pequeño artículo, pretendo demostrar lo difícil que es la regulación, el compromiso entre el freno para desarrollar nuevas ideas. No significa que no esté a favor de la regulación. Pero no será fácil y requerirá el consenso de todos.

Por cierto, el término de inteligencia artificial no se había acuñado aún, ya que no fue hasta el verano de 1956 a cargo de John McCarthy



REFERENCIAS



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3/04/2019

El estudio del tiro parabólico sin ordenadores

Este artículo se publicó originalmente el 22 de febrero en la Revista Dyna, publicación de investigación en ingeniería:



El estudio de la trayectoria de las bolas de cañón es un bonito caso de las tensiones entre el conocimiento práctico y teórico en la ciencia a lo largo de la historia. Sorprende la cantidad de matemáticas que se dedicaron a este campo.

Nicolo Tartaglia es un científico del siglo XVI, cuya fama ha llegado hasta nuestros días principalmente por la pelea que tuvo con Cardano sobre la resolución algebraica de las ecuaciones cúbicas. Sin embargo, Tartaglia también publicó en 1537 La nova scientia, en la cual describía la trayectoria de un proyectil como si fuera una línea recta inicial, y una posterior caída:

Figura 1: Ilustración de tiro mixto y portada de Nova scientia [1] 





Figura 2: Ilustración de tiro horizontal, según Tartaglia [2]


Realmente, ni siquiera el propio Tartaglia se terminó creyendo su teoría, tal y como reconoció años más tarde. Pero este pensador italiano sentó las bases para crear unos ábacos que tabulaban sus cálculos, y así poder calcular la longitud del tiro en función de la inclinación del cañón. Estos ábacos se usaron hasta el siglo XVIII.

Más tarde, en 1638, Galileo Galilei propuso su modelo de disparo parabólico, lo cual era un poco absurdo, ya que Galileo, a pesar de conocer que había algún tipo de resistencia al aire, no la contabilizó en sus cálculos. El caso es que conseguía una trayectoria simétrica que no resultaba nada realista, y por eso, los artilleros siguieron usando el modelo de Tartaglia. En ciertas ocasiones, hasta les era suficiente usar el modelo de tiro triangular de Daniel Santbech, propuesto en 1561.

Figura 3: Modelo de disparo de Daniel Santhech [1]

Sin embargo, todo esto cambió en el siglo XVIII con nuestro siguiente personaje: Benjamin Robins. Este científico inglés nació en Bath en 1707, justo el mismo año que el matemático Euler. Pronto se dedicó a la ingeniería militar, y su mayor contribución al estudio de la balística reside en que sugirió que era imprescindible tener en cuenta la fuerza de resistencia de aire, y que dependía mucho más de la velocidad inicial del disparo que de su alcance. Para demostrarlo, Benjamin Robins diseñó un péndulo balístico, gracias al cual podía calcular las velocidades iniciales de los proyectiles, teniendo en cuenta la mecánica newtoniana y la teoría de péndulos de Huygens. De hecho, a Robins también se le considera el padre de los túneles de viento por este tipo de aportaciones.
 
Figura 4: Péndulo balístico de Robins   
 


Esencialmente, el invento consistía en disparar una bala contra la masa colgada del péndulo y calcular su arco. La masa del péndulo era bastante mayor que la de las balas de aquella época.


Benjamin Robins ya era miembro de la Royal Society desde 1727, y afortunadamente, la grandeza de este personaje se notó enseguida. En 1742 publicó su obra New principles of gunnery. Cómo sería el libro, que un empleador de Euler, Federico el Grande de Prusia, preguntó al matemático cuál era el mejor libro de balística, y a pesar del poco apego que tenía Robins a su propio libro, Euler lo eligió. No solo eso, sino que lo tradujo del inglés al alemán, y añadió unos cuantos comentarios sobre él. De manera que el nuevo manuscrito pasó de tener 150 páginas a 720. En 1783, se tradujo al francés, y según cuenta Napoleón, fue uno de los libros que más influyó a sus científicos e ingenieros.

Escribió una vez un oficial de artillería, que Robins era a la artillería como el inmortal Newton lo era a la filosofía. Antes de su influencia, el acierto en el tiro era una cuestión de azar sujeta a múltiples variables e incertidumbres. Ese mismo siglo, el presidente de la Royal Society fue más allá y afirmó que Robins había inventado una ciencia nueva.










BIBLIOGRAFIA

[1] Janet Heine Barnett (2009). Mathematics goes ballistic: Benjamin Robins, Leonhard Euler, and the mathematical education of military engineers, BSHM Bulletin: Journal of the British Society for the History of Mathematics, 24:2, 92-104, DOI: 10.1080/17498430902820887

[2] Ed Sandifer. How Euler did it. The cannonballs http://eulerarchive.maa.org/hedi/HEDI-2006-12.pdf

[3] The first wind tunnels.

https://www.centennialofflight.net/essay/Evolution_of_Technology/first_wind_tunnels/Tech34.htm

[4] McMurran, S., & Rickey, V. F. (2008, October). The impact of ballistics on mathematics. In Published in the Proceedings of the 16th ARL/USMA Technical Symposium https://www.revolvy.com/page/Benjamin-Robins

[5] Steele, B. D. (1994). Muskets and pendulums: Benjamin robins, Leonhard Euler, and the ballistics revolution. Technology and Culture, 35(2), 348-382


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12/13/2018

Mary Lasker, la directora de marketing contra el cáncer

Ha habido agitadores sociales que han cambiado la historia, y Mary Lasker (1900-1994) ha sido una de ellas. No fue científica, sino removedora de conciencias y hábil estratega y negociadora entre las élites. Mary Woodward se casó en 1940 con Albert Lasker, un rico y bien conectado ejecutivo de marketing de la industria del tabaco de Estados Unidos. Por su parte, Mary Woodward era una diseñadora de ropa con aspiraciones, que pretendía cambiar la sociedad convenciendo a los poderosos. Y la causa filantrópica que eligió fue la lucha contra el cáncer, que para el matrimonio comenzó en 1943.


Fuente: Wikipedia



Podéis seguir leyendo el artículo en la web de publicación orininal, MujeresConCiencia. Un blog sobre mujeres (a menudo olvidadas) que inspiraron y marcaron la historia de la Ciencia.
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12/04/2018

Keynes y el contexto de la semana laboral de 15 horas

En estas latitudes, el gobierno ha propuesto realizar un registro de las horas que pasan los trabajadores en jornada laboral. En este país se hace una polémica de casi todo, y estoy seguro que en alguno de los debates que acaecerán se nombrará al ínclito John Maynard Keynes y su famosa predicción de que en 2030 disfrutaremos de una jornada laboral de 15 horas. La dejó redactada en la obra de 1930, Economic prospects for our grandchildren.


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En este artículo me gustaría describir brevemente cuál era el pensamiento económico de este autor y qué suponía cuando realizó esta propuesta.

Keynes predecía que las personas tendrían que trabajar mucho menos, tendrían sus necesidades cubiertas y podrían decidir cuánto más de tiempo de ocio se tomarían respecto a lo que estamos acostumbrados.

Sin embargo, no parece que esto se esté cumpliendo, ya que la tendencia actual en muchos puestos de trabajo es a difuminar la línea de separación entre vida personal y vida laboral. Además, en Estados Unidos el número total de horas trabajadas se ha mantenido estable durante muchas décadas y tienden a no gastar todo su período de vacaciones, al contrario que en Europa.  

Pero vamos al contexto de la predicción: Keynes era una persona que defendía la intervención del estado para el mantenimiento del sistema capitalista y para el progreso de la economía. Fruto de su pensamiento, se crearon instituciones como el FMI y el Banco Mundial

Los años dorados del capitalismo fueron desde 1930 a 1970 aproximadamente. Durante estos años, la economía creció exponencialmente. Es decir, se incorporaron diversas técnicas de organización laboral y se innovaron distintas tecnologías que hicieron que la productividad empresarial creciera sin parar. Fueron unos años de mucha presión de sindicatos y regularización, lo cual permitió también que los salarios de los trabajadores crecieran junto a los beneficios empresariales, empujados por la adorada productividad. 

En definitiva, todo marchaba bien. Se creó el llamado estado de bienestar, se extendieron los seguros laborales y los derechos de los trabajadores. Fue en esta época dorada donde Keynes realiza su predicción: creía que la tecnología y otras innovaciones organizativas por sí mismas harían que el trabajador pudiera ir reduciendo su semana laboral, incluso generando beneficios para el empresario. Es decir, era muy optimista respecto a lo que hoy llamamos desempleo tecnológico. Sin embargo, la alegría exultante no fue eterna, y en 1970 aproximadamente, la productividad empezó a decrecer.

Entre 1920 y 1970 se consiguió un 2,82% de incremento anualizado de productividad. Sin embargo, de 1970 a 2014, creció solo por un 1,62% anual. 


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Cada vez era más difícil aumentar beneficios en las empresas. Una metáfora equivalente podría ser la de extraer petróleo de un campo. Al principio es fácil, pero cada vez los costes van aumentando más y requiriendo mayor energía para obtener esa materia prima.

Debido a este problema de pérdida de productividad, a continuación se ve la curva que Keynes nunca previó ni contempló: la separación de la evolución de la hora pagada al trabajador y el producto obtenido.

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La dificultad de mejorar la productividad obliga a las empresas a reducir costes de salarios y a hacer que los trabajadores inviertan muchas más horas. Las empresas basan una gran parte de su crecimiento en operaciones financieras (recompra de acciones), no a partir de sus medios productivos.

De hecho, ahora mismo se aboga por el modelo capitalista sin intervención, abanderado por Milton Friedman, en el que el estado no debería intervenir en la economía, ya que el mercado se regulará solo.

Por esta serie de razones, espero que quede claro que el mundo en el que John Keynes elaboró su teoría es totalmente distinto del actual. Lo cual no quita para afirmar que la semana laboral de 5x8 horas no es lo mejor desde el punto de vista de la Ciencia, pero esa reflexión me la dejo para un siguiente post.
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9/22/2018

Después de la margarina, vino el robo del reloj, la bombilla y hasta la cartera

Hace unos días ya os conté la maniobra legal que permitió a unos inventores holandeses robar la receta de la margarina. Hoy traigo algunos ejemplos más, tal y como adelanté.

Desde lejanos tiempos, los gobiernos han usado el mecanismo de las patentes para sus propios intereses. Los datos históricos demuestran muy poca correlación entre creación de patentes e impulso de las innovaciones. En cambio, historias como las que traigo aquí demuestran que el uso real de las patentes era como guerra comercial, creación de monopolios y robo de tecnología entre países.

Este instrumento legal comenzó en 1474 en Venecia, que empezó a premiar con derechos a los inventores y empresarios que habían creado o habían traído tecnología a Venecia. Su intención era la de atraer artesanos a la República. Fue exitoso, por lo que los países del entorno no tardaron en crear sus propias leyes de patentes. Una de las que se recuerdan como mayor acierto fue el Estatuto de los Monopolios, publicado en 1623 en Reino Unido. Hasta entonces, las patentes en ese reino las concedía la Corona prácticamente a dedo, y su posesión implicaba los derechos sobre la comercialización de la invención. Es decir, el inventor no se veía nada retribuido.

Sin embargo, esta herramienta legal ya mostró sus imperfecciones en plena Revolución Industrial, ya que por ejemplo, James Watt exprimió su famosa patente hasta su expiración para evitar que nadie más desarrollase ningún tipo de motor, lo cual provocó un freno en la evolución de esta tecnología. Y es que los monopolios sin ánimo de innovar son uno de los principales problemas de estas protecciones.

El caso es que por razones políticas o económicas, varios países han evitado tener durante bastante tiempo una ley de patentes, y sus resultados son cuanto menos llamativos. Suiza, en primer lugar, no la tuvo hasta que en 1888 publicó una ley bastante rudimentaria, y no fue hasta 1907 cuando tuvo una ley completa tal y como la entenderíamos hoy. Dinamarca daba solo 5 años de concesión de derechos y hasta 1894 no elaboró su ley. En cuanto a Holanda, abolió su ley 1869 por una victoria política a faor del libre comercio, y no la restauró hasta 1912.

Crystal Palace (Londres)


Gracias a las ferias internacionales de la época, podemos comparar los efectos de la ausencia de este tipo de leyes en estos países. Concretamente, en la exhibición de Londres de 1851 (Crystal Palace Exhibition), Suiza y Dinamarca contribuyeron cada uno con 110 innovaciones por cada millón de habitantes, mientras que la media de los países tenía entre 55 innovaciones por cada millón. También Suiza dobló al resto de países en innovaciones durante la feria de 1876 (US Centennial Exhibition). Holanda, en esa misma edición, ganó el 86% de los premios en los que competía, frente a un 46% de media de otros países.

¿Qué hacían entonces estos países para proteger sus innovaciones? Sus industrias se centraron en innovar con gran energía en sectores donde el secreto industrial era muy útil. Principalmente, fueron instrumentos científicos, procesamiento de alimentos e industria química, y se hicieron especialistas en estos procesos y artículos. De hecho, estas actividades generaron muy pocas patentes, mientras que la industria manufacturera se llevaba la mayoría de patentes.

Además de usar el secreto industrial, usaron otras técnicas menos ortodoxas. Por ejemplo, los relojeros suizos del Valle de Joux, tradicionalmente grandes relojeros, acordaron no contratar aprendices entre 1823 y 1840, e incluso muchos no dejaban entrar en sus talleres más que al equipo de trabajo de máxima confianza.


Pero aquí llega la trampa: la ausencia de ley de patentes no sólo se usó para que los trabajadores de esos países se defendieran y protegieran sus inventos, sino que también se usó para atacar a la competencia extranjera. Los mismos relojeros suizos que he mencionado en el párrafo anterior, esencialmente copiaron todos sus modelos de los relojeros británicos, que por entonces dominaban el mundo. Algo que sorprende, ya que los trabajadores de metal eran mejores en Suiza que en Inglaterra, con más experiencia.

Pero no solo en esta industria: es vox-populi que la industria farmaceútica en Suiza le debe mucho a la ausencia de patentes. En aquella época, varios inventores franceses emigraban a Suiza para poder robar patentes de sus compatriotas sin que les pudieran atacar. Es particularmente conocido el caso de Alexandre Clavel, quien en 1869 fundó Ciba AG, una empresa de tinte textil, a partir de una patente francesa. Esta empresa a la postre, terminó convirtiéndose en el actual imperio Novartis, con sede en basilea.

Curiosamente Philips, con sede en Eindhoven (Holanda) también se aprovechó de los años en que este país no tenía ley de propiedad intelectual para robar el modelo de bombilla británico.

Por lo tanto, espero que estén quedando aclaradas mis dudas sobre la eficacia de las patentes como instrumentos reales para mejorar la innovación, sino como medidas proteccionistas e incluso de ataque entre naciones.

Pero este problema se ha agravado en los últimos 30 años debido a razones geopolíticas: en 1980 la proliferación de patentes se descontroló, que es cuando Japón superó a EEUU en el número de patentes concedidas. Estados Unidos no podía permitirse que se interpretara que los ingenieros japoneses eran mejores que los suyos, por lo que cambió su sistema de patentes:
- las investigaciones académicas en las universidades son patentables
- eliminar la exigencia de demostrar que habías llevado tu idea a la práctica (puedes patentar una idea)

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De esa manera, lo que se ha conseguido es que los países se defiendan de productos extranjeros en la frontera. Es decir, pongamos que General Electric, Toshiba, Sony, tienen distintas versiones de la misma patente, pero eso no significa que hayan innovado más en el mundo.


Todo esto me lleva a pensar que habría que repensar este sistema de protección industrial, ya que no es un medio que mejore la innovación, y desde luego, usarlo como medidor de creativididad en el mundo está lejos de ser eficaz.



Fuentes

- Moser, P. (2005). How do patent laws influence innovation? Evidence from nineteenth-century world's fairs. American economic review, 95(4), 1214-1236.

- Nicholas, T. (2013). Are Patents Creative of Destructive. Antitrust LJ, 79, 405.

- Moser, P. (2013). Patents and innovation: evidence from economic history. Journal of Economic Perspectives, 27(1), 23-44.

- The patents war (2014). Documentary. https://www.youtube.com/watch?v=uM7UFEXhqwg

- The birth of a lamp factory in 1991
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