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Sobre OpenAI, el dedo y la luna

Hace tiempo que por este blog un servidor ha mencionado que las noticias de inteligencia artificial se venden como grandes revoluciones y éxitos sin precedentes, y que esta disciplina ahora mismo es principalmente una herramienta de marketing para las empresas. No soy el único.

En esos términos, en esta entrada me gustaría aclarar una noticia de hace unos días. Probablemente muchos hayáis visto el vídeo: se trata de un robot resolviendo un cubo de Rubik con una mano, y lo ha desarrollado OpenAI.




Sin embargo, los titulares de muchísimos medios no han estado nada acertados a la hora de apuntar al avance real de este trabajo. Sobre todo en el titular. La novedad no es aprender a resolver este artilugio. No. 


Y prueba del pequeño lío y enfado de la comunidad investigadora se ha reflejado en el artículo de The Verge, ¿Por qué un robot que resuelve un cubo de Rubik con una mano pone en guerra a la comunidad de IA?

Para empezar, la empresa autora del descubrimiento es OpenAI, la cual se ha unido al excelso club de Boston Dynamics, Google DeepMind, Tesla y otros en el lanzamiento de noticias y vídeos que intentarán dejarnos con la boca abierta.

Resolver este famoso cubo con una mano es muy difícil. Probadlo. Se os caerá varias veces seguro, o no tendréis la destreza para girar las piezas con la suficiente agilidad. La novedad no está en resolver el cubo de Rubk, sino que el robot ha aprendido a hacerlo solo. Y este es el punto clave:

Programas software de inteligencia artificial han aprendido a ganar en juegos de mesa, como AlphaGo. Hacer millones de simulaciones y partidas online es una fácil cuando tienes partes físicas (hardware) en el que probarlas.

OpenAI hacreado un modelo de simulación de la mano robótica y la ha entrenado durante el equivalente de 10.000 años en resolver el cubo de Rubik. En esas simulaciones, el robot ha girado los lados y movido los dedos con las miles de posibilidades que hay, hasta que ha aprendido a resolverlo solo. Posteriormente, los investigadores han aplicado el aprendizaje al modelo físico, y la mano robótica era capaz de resolverlo.

Pero la novedad es que, para comprobar la capacidad del robot de aprender 'tareas complejas', los investigadores hacían los siguientes cambios: le han puesto guantes de goma al robot, han cambiado el tamaño de la mano o han variado la rugosidad de las caras del cubo, entre otras lindezas.

Pensad en eso: si vosotros estáis muy acostumbrados a resolver un objeto muy reconocible y totalmente familiar (durante 10.000 años), y os lo cambian de repente, tendréis que readaptar un poco los movimientos de los dedos, y tardaréis unos segundos en haceros con él. Pues eso es lo que ha hecho este robot con cierta inteligencia.

Este experimento demuestra que los robots pueden ser capaces de aprender tareas un poco más complejas de lo que estamos acostumbrados. Es un pasito adelante más en la investigación robótica.

Tranquilos. No vamos a ver mañana a esta misma máquina de OpenAI haciendo un truco de magia con cartas. Además, en la publicación que han hecho sobre el desarrollo, revelan que al robot se le cae el juguete de la mano un 80% de las ocasiones, así que no es tan efectivo como parece en los vídeos.




Sobre aranceles y el libro Retirar la escalera

Esta semana de nuevo, el presidente Trump volvió a hacer de las suyas y nos despertamos con nuevos aranceles sobre productos de todo el mundo.

Tras ese mal despertar, cada vez más frecuente, la reacción habitual de los medios es alabar las bondades del libre comercio internacional y la eliminación de tasas arancelarias. Alegran que Trump no solo va a perjudicar mucho a China, Europa y otros países, sino al mismo Estados Unidos.

Hete aquí que tras este debate, decidí leer el libro Kicking away the ladder, traducido como 'Retirar la escalera', de Ha-Joon Chang, quien estudia cómo se hicieron ricos los países ricos, pero de verdad.

No hago spoiler, ya que esta afirmación sobre el libro la podéis encontrar en su contraportada y multitud de artículos: el libre comercio no existe, ni se ha dado prácticamente en ningún momento de la historia.



El libro se divide en tres bloques:
  • medidas proteccionistas que llevó a cabo cada país a lo largo de su historia para proteger su riqueza e industria.
  • qué hicieron, una vez alcanzado el poderío económico, para que otros países no les alcanzasen.
  • la creación y valor de las instituciones económicas, sociales, financieras que surgieron en los últimos años. ¿Frenan a los países en vías de desarrollo, cuando los países ya desarrollados no necesitaron nunca estas instituciones?

El libro me ha parecido soberbio, y muy buen documentado. Tanto, que más que como lectura ligera se podría usar como libro de consulta. Y para acabar, os dejo aquí algunos extractos de esta obra, que responden a algunas de las cuestiones sobre aranceles hoy en día, aunque la situación macroeconómica sea ligeramente distinta:


pág61: Con la Revolución Industrial de la segunda mitad del siglo XVIII, Inglaterra empezó a aumentar su liderazgo tecnológico sobre otros países. Sin embargo, aún así prosiguió con su política de promoción industrial, que mantuvo hasta mediados del siglo XIX. [...]. El primero y principal componente de esta política era, claramente la protección arancelaria.


pág79: Solo después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos - con su supremacía industrial sin competencia- acabó por liberalizar el comercio y pasó a liderar la causa del libre comercio. Sin embargo, cabe señalar que Estados Unidos nunca lo practicó en la misma medida que lo hiciera el Reino Unido durante su período de libre comercio (de 1860 a 1932).


Pág 71: [...] actualmente los historiadores económicos reconocen cada vez más la importancia del proteccionismo en Estados Unidos, cuando antes solían ser extremadamente cautelosos a la hora de hacer algún comentario positivo al respecto.

Pág 77: Graf von Reden, quien introdujo con éxito tecnologías avanzada de los países más desarrollados (especialmente de Inglaterra [...]) mediante una combinación de espionaje industrial durante finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.



 
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